El trabajo trata de dar una mirada al “Rito del Angelito”, que antiguamente los padres efectuaban para despedir religiosamente a sus hijos que morían tempranamente. Esta ceremonia, generalmente realizada en el campo, constaba de cantos y rezos toda la noche, además de vestir con atuendo de ángel al niño, alas, sentarlo en una silla en alto y decorado con flores, velas y juguetes.
Este rito ha desaparecido en estos tiempos y la propuesta que realizo es tratar de rescatarlo simbólicamente, a través de la fotografía, con seres teratos que murieron en la década de los años veinte, que no tuvieron esta ceremonia y que ahora están para la exhibición en frascos de formalina en la escuela de anatomía.
Sin intención de endurecer más la condición de estos seres, ambiento y coloreo sutilmente las fotografías, buscando suavizar la imagen e invitando a aceptar a quienes no tuvieron la oportunidad de ser físicamente “normales”.